domingo, 11 de diciembre de 2022

Guillermo Moscoso. Un giro teológico en el arte

 

                                                                 Guillermo Moscoso

                                                                  Un giro teológico en el arte

Noviembre 2022. Guillermo Moscoso se apropia de un gran espacio en nuestra Casa del Arte. Según el texto curatorial, dicha apropiación moviliza un bloque de múltiples metáforas visuales para dar cuenta de la pandemia en que nos toca vivir (o morir) y del control biopolítico que ello implica.

Sin embargo, quien haya estado atento al Opus moscosiano, recordará la insistencia que ahí se hace en cierta simbología religiosa católico-mariana. ¿Qué puede justificar esa estrategia?

Una respuesta rápida enlaza con el giro descolonizador que el autor trabaja mediante la sobrexposición de sí mismo encarnando la estética barroca y colonial de tal religiosidad; retórica que abunda en aureolas, bordados, pinchos, lágrimas y sudarios; pero, más que lo anterior, que abunda en el vínculo con el lugar sacrificial supremo: el misterio del cuerpo y la sangre, lugar donde podemos experimentar el goce o el sufrimiento de la enfermedad que mata y estigmatiza, tal como ocurre con aquellas religiosidades que, reducidas a reglas y normas, pueden también resultar asfixiantes y mortales.  

Es en este punto que propongo que el proyecto de Moscoso deviene reflexión teológica y, por consiguiente, antropológica.

Ejercitar tal reflexión desde su arte, implica distinguir la venda que oprime del apósito que sana y libera, es tam
bién considerar cuánto de vedado hay en lo vendado y cuánto de desbordamiento puede haber en un bordado con hilos de oro.  

Del mismo modo la retórica del sudario envolvente y de los encajes perlados con que se presenta Moscoso, le ponen en sincronía con el cuerpo del Cristo y con el señorío femenino y doloroso de María. Mientras, al mismo tiempo, el artista procura liberarse de ellos. Conexión y corte.

De aceptar lo anterior, aceptamos que con su pasión Guillermo Moscoso transparenta- simultánea y paradojalmente- dos epistemes culturales distintos pero conectados por sus respectivas fugas: el del Horror Vacui barroco que define la estética religiosa colonial que, aun siendo bella, recuerda la imposición de un reino terrenal ya caduco. Así, las metáforas que nos enrostra el artista, marcan una espera activa, el adviento por un episteme nuevo, y sin embargo arcaico y reconocible.

Un paradigma en que la alteridad del Otro, no sea motivo de su negación a priori, en que la religiosidad no sea un contrato a plazo indefinido, sino un permanente religarse y releerse como soplo y murmullo místico y liberador. Como ese río en el paisaje al que clama Moscoso, llámese Jordan o Bío Bío.

 

                                                                                                        Edgardo Neira

                                                                                        Departamento de Artes Plásticas

                                                                                             Universidad de Concepción

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