viernes, 12 de febrero de 2021

CONATUS

La fotógrafa Claudia R. Ormeño (C.R.O) ha entregado durante el año 2020 su más reciente producción fotográfica: “CONATUS”, exposición compuesta por 49 láminas acompañadas de una atmósfera de ecos y sonidos especialmente concebidos para su expansión hacia lo audiovisual.

 Respecto del concepto: conatus, que da nombre a su muestra, éste aparece con Baruch Spinoza: filósofo y teólogo del s. XVII que resultará clave para la gestación del pensamiento que llamamos contemporáneo. Dicho muy en breve, el giro de Spinoza está provocado por una pulsión ética y estética de la inmanencia que, aún de origen divino, habría de operar con autonomía respecto de la idea de un Dios único y trascendente, en consecuencia, tomando distancia de las instituciones en que el filósofo se había formado. Visto desde ahora, un conato visual spinoziano, operaría como el deseo ético por producir chispazos críticos en un determinado devenir; chispas vivenciales que, en este caso, se harían visibles (y audibles) por medio del clik de un dispositivo fotográfico. Sin embargo, siguiendo con Spinoza, junto a esa brevedad operacional se ha de producir una perseverancia ética sostenida en el afecto y en la calidez humana, así también por cierta persistencia en la búsqueda de lo formalmente bello.  Y es eso, precisamente, lo que es factible que ocurra al momento de ver y escuchar estas 49 fotografías, instante dolido que deviene huella que perdura en esperanza; rastros que clavados en la brevedad de un “flash”, transfieren la persistencia de muchos pasados, los que irán, a su vez, prefigurando poéticas y acogedoras recepciones. Tal como ocurre con el instante en que Spinoza aparece en la historia, cuya huella, breve pero intensa, perdura ya por casi cuatro siglos; y es precisamente ahora, en este presente, cuando sus conceptos se han hecho más visibles y pertinentes.

Por su parte, la pulsión ética de C.R.O, digamos el clik social que le hace involucrar, es accionado por la historia que habita en los cuerpos de niñas que han sido abandonadas y luego acogidas en un hogar de menores; espacios que, en una primera fase, la fotógrafa recorre prescindiendo de todo dispositivo de registro, ni cámara ni grabadora. Según Spinoza, sería durante ese recorrido que su propio cuerpo se irá implicando como un lugar de acogida y registro bio-espiritual, en carne y hueso, de aquello que a esas pequeñas mujeres ha ido sucedido. Y sucede.  

Tiempo después, en una segunda visita, desarrollará la etapa propiamente fotográfica del proceso, fase acuciosa y crucial en que la artista tendrá especial cuidado en no registrar cuerpo alguno, evitando así toda obviedad exhibicionista o instrumentalización denunciatoria.  Paradojalmente, la elocuente ausencia de cuerpos es lo que origina el sentido más intenso, acogedor y emotivo de su arte.

Luego será la edición de los registros, operativo estratégico que organizará la intención de las huellas capturadas en sus repeticiones y diferencias. Intención que hará adivinar la proximidad en ausencia de esas niñas ocultas en la penumbra resplandeciente, diríase conventual de esos interiores. Ahí el estante de los platos, la ropa tendida, en fin, algún juguete inerte que espera por su compañera de juego.


El proceso se completa con la inclusión del sonido. Tan discreto como las imágenes, el audio en off potencia el factor fantasmal de una fisura espacio-temporal del que brota cada presente. Es entonces cuando el eco de un murmullo, el abismal ritmo de una gota al caer o, acaso, aquel silabeo conmovedor y entrecortado de una niña que aprende a leer con el célebre poema de Antonio Machado: Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Concluyamos que el contenido ético y crítico de CONATUS no se pretende a sí mismo en la modalidad zarpazo. No hacia una institución que, al dar acogida, zurce como mejor puede el vacío que produce el abandono. Se trata, en cambio, desde el arte de la luz: visibilizar y también generar, junto al presente de esas niñas, los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles que nos sugiere Machado con su poema. 

                                                                                                                                             Edgardo Neira

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 2 de febrero de 2021

PATRIMONIO

 


Patrimonio, lenguaje y vacío.


La cultura contemporánea expresada, entre otras cosas, por la búsqueda de una nueva relación entre ciudadanía y poder, ha ido también replanteando la idea de patrimonio, palabra que derivada del latín: patris-onium, hace referencia a “lo heredado del padre”.

De ahí que la UNESCO haya debido expandir dicho concepto desde su acepción inicial patrística basada en una poética de nostalgia por el pasado, hacia la visibilización de acontecimientos culturales que desde el presente inciden en la generación de nuevas memorias y de olvidos.

En tales sentidos resulta pertinente instalar algunas preguntas sobre el derribo de estatuas durante la explosión social de fines de 2019, hechos coincidentes con el conflicto, indebidamente denominado, “de la araucanía”. 

Una de esas estatuas, la más significativa, es la que representa a Pedro de Valdivia, fundador de esta ciudad. Desde el punto de vista patrimonial cabe preguntarse ¿qué se derriba cuando se derriba una imagen? La de Valdivia en este caso. Tal vez corresponda a un comprensible intento por borrar una parte, acaso ominosa, de nuestra historia, para luego producir una memoria distinta y renovada. Pero en lo inmediato, ese hecho sólo logra un vacío en el paisaje mental del ciudadano común.


Por otra parte, asombra recordar que las principales armas de la conquista española no fueron: ni el acero, ni el caballo, ni la pólvora; sino la lengua castellana y su poder para implantar, además por escrito, su propia visión de mundo. Incluso, si revisamos la estatua caída, veremos que Valdivia apoya su mano izquierda en una espada, mientras en la otra sostiene un rollo de pergamino escrito. Por otra parte, recordemos que en La Araucana, el excelso poema épico de Alonso de Ercilla, el pueblo mapuche es definido, desde sus primeros versos, como indómito y belicoso. ¿Pero era tan así, o es que con esa bella escritura se estaba reduciendo su portentosa cosmogonía a una pura furia guerrera? ¿es la guerra su legado?

Otro poeta, nuestro Elicura Chihuailaf, enseña que en lo profundo de su cultura habita poyen, el poder de la ternura materna que hay que defender. Con todo. También afirma: “Cada cultura es una delicada flor que hay cuidar para que no se marchite”

Cómo hacer entonces para que en vez de borrar lo imborrable o dominar lo indomable, podamos cultivar - ya sin miedo- por entre los intersticios de nuestras culturas, y desde ahí tejer ese relato azul que según Chihuailaf aparece cuando termina la noche y llega un nuevo día.

 

--..--